“Jaime Campos es la prueba viviente del fracaso de AEA”.

Eso, textualmente, me dijo un histórico referente del empresariado cordobés en los pasillos del gran evento que realizó la Fundación E+E y donde estaba invitado como orador el presidente de la Asociación Empresaria Argentina. Es que más allá de sus definiciones “lavadas” y obvias, Campos vino a remplazar a Luis Pagani frente a AEA porque los dueños de las principales empresas de Argentina “arrugaron” frente a las embestidas del gobierno. Esta asociación nació -nos explicaba nuestra fuente- como una organización que nucleaba sólo a dueños, a “los que mandan” dentro de las principales compañías nacionales (Arcor, Techint, Clarín, Roggio, AGD y varias más). Pero tras un par de años de hacer raros equilibrios y esquivar definiciones, la polarización del kirchnerismo asustó a los miembros de AEA y -quizás- ninguno quiso agarrar la “papa caliente” de la presidencia y sentaron en ese sillón a un gerente -muy prolijo y bien intencionado- pero que no deja de ser un vocero.

Estuvimos ahí: así es la experiencia de Infinito Water Park (lo bueno, lo épico y lo que todavía falta)

(Por Rocío Vexenat) Desde ya que el lugar parece fuera de Córdoba. No por la distancia ni por el viaje, sino por la sensación inmediata de estar en otro escenario: arena bajo los pies, estructuras que remiten al Caribe y una lógica de parque pensada para quedarse todo el día. En sus primeros días de apertura, recorrí Infinito Water Park para entender qué propone, cómo funciona y hasta dónde logra cumplir su promesa de escape, sin salir de la ciudad.