El Banco Francés "escondió" las cajas (¿y se olvidó del cliente?).

Hacía mucho que no iba al BBVA - Banco Francés de Rosario de Santa Fe y Buenos Aires y ayer me tocó la "suerte" de tener que hacer un trámite personal. Mi primera sorpresa fue notar que las cajas no están más en el nivel de ingreso, ahora dotado de varios cajeros automáticos y terminales de autoconsulta. Hace rato ya que el "emblema" de los bancos no son más su línea de cajas sino las ¿amables? recepcionistas que te orientan en los trámites. Llegado mi turno, luego de una espera de 10 minutos, me enviaron al subsuelo donde sí encontré la vieja línea de cajas: 6, para ser exactos, sólo 3 con un cajero humano atendiendo detrás. Pasaron 50 minutos de reloj hasta que llegó mi turno y en ese lapso medité mucho sobre el sistema de atención al cliente del Francés en particular y los bancos en general. ¿Por qué nadie encendió el televisor, aunque sea para mitigar la espera? ¿No debería haber algunos elementos de lectura (¡cómo El Diario de InfoNegocios, por ejemplo!)? Y la última pregunta sin respuesta: ¿no deberían los gerentes de banco hacer una vez al mes una fila como cualquier cliente para ver si se les ocurren ideas de cómo mejorar su atención al cliente? (Hagan catarsis en Comentá).

Estuvimos ahí: así es la experiencia de Infinito Water Park (lo bueno, lo épico y lo que todavía falta)

(Por Rocío Vexenat) Desde ya que el lugar parece fuera de Córdoba. No por la distancia ni por el viaje, sino por la sensación inmediata de estar en otro escenario: arena bajo los pies, estructuras que remiten al Caribe y una lógica de parque pensada para quedarse todo el día. En sus primeros días de apertura, recorrí Infinito Water Park para entender qué propone, cómo funciona y hasta dónde logra cumplir su promesa de escape, sin salir de la ciudad.