¿Qué ves? ¿Qué ves cuándo lo ves?

- ¿Qué ves?, le pregunté a Ivo (7) cuando empezó a circular esa foto en las redes sociales, cargada de significados añadidos.
- Un señor sentado. 
Eso era lo que él veía con sus ojos de niños que ya distingue a “la presidenta”, pero todavía no (y menos en esa foto desenfocada) al gobernador de la provincia.
Intenté verla “sin mis ojos” y no pude. Las cosas y las gentes son siempre en función de la mirada del otro. Y muchos otros no veían a un señor sentado, si no un señor que debería estar en otro lado (en Córdoba) y que no debería tener (supuestamente) una bolsa de dutty free.
No encontré nadie que viera (perdón, que dijera que viera) un señor que administra un presupuesto de $ 45.000 millones esperando un vuelo de línea, solo (¿no es acaso esa la foto de un hombre solo?).
“La fotografía repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente”, dijo alguna vez Roland Barthes, el exquicito semiólogo francés que diseccionó como nadie a la imagen.
Por curiosidad periodística me gustaría saber qué hay dentro de la bolsa del “escándalo”, una imagen que a muchos horrorizó más que las instantáneas de los saqueos.  Sí, me gustaría poder ver qué hay dentro, pero -creo- mucho más me divertiría y asombraría conocer qué cree otra gente que hay allí dentro.

Estuvimos ahí: así es la experiencia de Infinito Water Park (lo bueno, lo épico y lo que todavía falta)

(Por Rocío Vexenat) Desde ya que el lugar parece fuera de Córdoba. No por la distancia ni por el viaje, sino por la sensación inmediata de estar en otro escenario: arena bajo los pies, estructuras que remiten al Caribe y una lógica de parque pensada para quedarse todo el día. En sus primeros días de apertura, recorrí Infinito Water Park para entender qué propone, cómo funciona y hasta dónde logra cumplir su promesa de escape, sin salir de la ciudad.