Las alimenticias se preparan para las batallas reguladoras (en el camino de las tabacaleras)

Primero vinieron por las tabacaleras y luego por las bebidas alcohólicas.  Ahora la movida regulatoria está apuntando sus cañones a la industria de la alimentación, a quien muchos acusan de potenciar la epidemia de obesidad.
Como es un tema sensible y “prensable”, muchos legisladores de todas las instancias (ciudad, provincia y nación) “compran” el discurso más extremista.  Los lobbistas de la industria -por ejemplo- lograron parar en Buenos Aires una reglamentación que virtualmente dejaba sin productos a los kioscos: “de Arcor pasaban 5 ó 6 productos y de Molinos 2... hasta los yogures con cereal de La Serenísima estaban arriba del arbitrario máximo calórico que impulsaban algunos”, nos confió un hombre de la industria alimentaria en los pasillos del Coloquio de la UIC.
La autoregulación es un camino, incluso, que ya adoptaron en Argentina varias multinacionales que -por ejemplo- no realizan publicidad para niños menores de 12 años, un terreno donde hoy por hoy sólo comunica Arcor.
“Lamentablemente para nosotros -decía nuestra fuente- lo que viene avanzando es la parte más radicalizada del discurso. Es fácil culpar a la industria de la obesidad y abstraerse del sedentarismo y otros malos hábitos”.  Un debate abierto.

Estuvimos ahí: así es la experiencia de Infinito Water Park (lo bueno, lo épico y lo que todavía falta)

(Por Rocío Vexenat) Desde ya que el lugar parece fuera de Córdoba. No por la distancia ni por el viaje, sino por la sensación inmediata de estar en otro escenario: arena bajo los pies, estructuras que remiten al Caribe y una lógica de parque pensada para quedarse todo el día. En sus primeros días de apertura, recorrí Infinito Water Park para entender qué propone, cómo funciona y hasta dónde logra cumplir su promesa de escape, sin salir de la ciudad.