Así lo explica Héctor A. Faría, licenciado y grafólogo organizacional, que trabaja con empresas medianas y grandes, nacionales y multinacionales, que atraviesan procesos de crecimiento, profesionalización, reestructuración o recambio generacional. “Cuando una mala decisión en selección impacta directo en resultados, clima interno o costos ocultos, las empresas empiezan a buscar más profundidad y objetividad”, resume.
Dónde aparece la demanda (y por qué)
La demanda no es homogénea. Se concentra, sobre todo, en industrias, agro, laboratorios, servicios profesionales y compañías con estructuras financieras complejas. Sectores donde equivocarse en una posición clave no es solo un problema de recursos humanos: es un problema económico.
Faría suele trabajar integrado en áreas de RR.HH., Finanzas y Dirección, y también como complemento técnico de consultoras tradicionales. En promedio colabora con entre 8 y 12 organizaciones por año, muchas de manera soste
“Mi rol aparece cuando hay posiciones críticas, estratégicas o sensibles, donde no alcanza con una entrevista bien respondida”, explica.
Qué buscan hoy las empresas
Ya no alcanza con medir habilidades técnicas ni potencial declarado. Lo que se busca es anticipar el comportamiento real.
Entre los servicios más valorados aparecen:
-
Evaluaciones por competencias aplicadas al rol
-
Análisis de confiabilidad, responsabilidad y criterio
-
Lectura del estilo de toma de decisiones
-
Capacidad de sostener resultados en el tiempo
En otras palabras: menos discurso, más evidencia conductual.
¿Sigue vigente la grafología?
Lejos de desaparecer, la grafología organizacional gana terreno cuando se la usa como herramienta complementaria. Su fortaleza está en mostrar lo que no siempre aparece en entrevistas o tests tradicionales: autocontrol, tolerancia a la presión, coherencia interna, estilo de liderazgo y forma de decidir.
Su mayor valor aparece en puestos estratégicos, técnicos, financieros o de confianza. Roles donde el desempeño sostenido pesa tanto como el conocimiento.
“El problema no es la herramienta, sino cómo se presenta. Cuando se habla el idioma de la empresa y se la alinea a competencias concretas, deja de ser algo abstracto y pasa a ser una herramienta de gestión”, señala Faría.
Un caso concreto (anonimizado)
En una evaluación reciente para un puesto gerencial económico-financiero, el análisis grafológico fue insumo clave para la decisión final de incorporación. El perfil mostró:
-
Nivel intelectual superior al promedio, con fuerte capacidad lógico-matemática y pensamiento estratégico
-
Facilidad para integrar información financiera, operativa y comercial
-
Alta capacidad de organización, planificación y control
-
Liderazgo racional, orientado a resultados medibles y rendición de cuentas
-
Visión sistémica del negocio y enfoque en la sustentabilidad de largo plazo
Hablar el idioma del negocio
Para Faría, el futuro de la grafología laboral depende menos de la técnica y más del enfoque. “El profesional tiene que entender el negocio, los roles y las decisiones que están en juego. No alcanza con describir rasgos: hay que interpretar comportamiento aplicado y su impacto”, afirma.
Tu opinión enriquece este artículo: