Es un ritmo peligrosamente cansino, especialmente cuando el presidente ha cifrado todas sus esperanzas polĂticas en evitar un nuevo confinamiento que degrade todavĂa más la macilenta economĂa nacional. Solo con la mayor parte de la poblaciĂłn de riesgo vacunada serĂa posible reabrir todas las actividades que todavĂa hoy permanecen vedadas.
Para ser justos, y a despecho de otros antecedentes, el gobierno tenĂa un plan realista para comenzar a vacunar a buen ritmo. Tan temprano como en agosto del año pasado AstraZeneca firmĂł un convenio con el laboratorio local mAbxience para producir el principio activo de su vacuna, en tanto que el mexicano Liomont se encargarĂa de envasar el producto y completar su proceso de producciĂłn. La fundaciĂłn del magnate Carlos Slim -paradĂłjicamente infectado de coronavirus- dio el marco institucional para este notable acuerdo entre privados. A modo de externalidad, la administraciĂłn de Alberto Fernández contarĂa con unas 22 millones de dosis a precios razonables, solo sujetas a las aprobaciones de las autoridades sanitarias. De yapa, la Argentina se convertirĂa en miembro del selecto club de productores mundiales del fármaco.
Pero el diablo metiĂł la cola. El producto de AstraZeneca, que tantas expectativas habĂa despertado en el mundo, se revelĂł como menos eficaz que otros en las pruebas de fase III. Esto determinĂł que la farmacĂ©utica tuviera que regresar al campo de pruebas y ensayar nuevas combinaciones, lo que demorĂł el inicio de la producciĂłn. Este retraso impactĂł fuertemente en los humores de la Casa Rosada por la simple razĂłn de que no existĂa un plan B.
Otros paĂses, quizá con menos ambiciones industriales, optaron por una canasta de laboratorios más variada y adelantaron sumas millonarias para hacerse con la mayor cantidad de dosis posibles, pero la Argentina estaba jugada a una Ăşnica opciĂłn. Este fue el motivo por el que, a comienzos de noviembre, Carla Vizzoti, la Secretaria de Acceso a la Salud del Ministerio que conduce GinĂ©s González GarcĂa, viajara a MoscĂş para negociar la compra de algunas vacunas Sputnik V.
Es muy probable que el Kremlin, siempre de buena sintonĂa con el kirchnerismo, haya accedido a los ruegos argentinos por una cuestiĂłn polĂtica antes que comercial. No es una novedad que todas las lĂneas de producciĂłn de vacunas se encuentran sobre exigidas y, con mayor razĂłn, las rusas. Si Vladimir Putin pudo enviar en vĂsperas de Navidad las primeras remesas a Buenos Aires fue porque otras personas (tal vez sus propios connacionales) fueron forzados a esperar algĂşn tiempo más. DespuĂ©s de todo y a pesar de lo insignificantes que han sido los primeros embarques, no deja de ser buena prensa para Rusia que un paĂs como el nuestro adopte un producto tan evocativo para iniciar su campaña de vacunaciĂłn.
Sin embargo, con las buenas intenciones no alcanzan. Es un hecho que MoscĂş no tiene la capacidad industrial como para satisfacer la demanda internacional de la Sputnik V. Esto se vio claramente ayer, cuando el Airbus A330 despachado por AerolĂneas Argentinas regresĂł a Buenos Aires con apenas 200 mil de las 600 mil dosis que se esperaban. Con estos nĂşmeros, a duras penas se logrará vacunar a quinientos mil habitantes antes de finalizar febrero. Mientras Putin retacea, Alberto desespera.
Las negociaciones con otros laboratorios, para colmo de males, tampoco parecen prosperar. Nadie ha vuelto a mencionar a Pfizer, mucho menos a Moderna, y todo indica que será China a través de Sinopharm el próximo e inmediato proveedor del gobierno. Huelga decir que ni Rusia ni China son de preferencia del paciente argentino, definitivamente más cercano a la farmacopea occidental, pero a falta de pan buenas son las tortas. Tal vez lleguen algunos productos desde Estados Unidos a través del fondo internacional COVAX de las Naciones Unidas, pero tampoco estas dosis parecen estar próximas.
Este conjunto de restricciones se asemeja mucho a una pesadilla, excepto por un detalle: diez dĂas atrás, el 18 de enero, despegĂł desde Ezeiza rumbo a MĂ©xico el primer embarque del principio activo para fabricar 6 millones de dosis de la vacuna de Oxford – AstraZeneca, dando comienzo de ejecuciĂłn al acuerdo suscripto en agosto con mAbxience. La transportadora encargada del flete resultĂł AeromĂ©xico, no AerolĂneas.
Este es el primer paso para que la postergada vacuna de AstraZeneca comience a distribuirse por LatinoamĂ©rica, en donde la Argentina tiene ya asegurada una participaciĂłn importante. Su arribo se espera para marzo o abril y, de seguro, será presentado como un triunfo Ă©pico por parte de Fernández. En la oportunidad, y seguramente, las usinas de propaganda de la Casa Rosada anunciarán el comienzo del fin de la pandemia, con un antĂdoto para todos y todas relativamente abundante. ÂżAlcanzará para revertir una situaciĂłn socioeconĂłmica que se adivina ruinosa? Todo dependerá, al fin y al cabo, de la logĂstica ad hoc que monte el gobierno. Esta vez, tal vez lamentándolo, ha tenido bastante tiempo para programarla.
Tu opiniĂłn enriquece este artĂculo: