Ya se sabe, El Libro de los Negocios es “una bomba”.

Pasajero Biain en el vuelo de Lan 943 a Santiago, presentarse inmediatamente en el mostrador de la compañía”. Un llamado de ese tipo por los altoparlantes de la sala de embarque no preanuncia buenas noticias. En efecto, un cordial empleado de Lan me explicó que -por rutina- PSA (Policía de Seguridad Aeroportuaria) aparta ciertos equipajes para su inspección manual y me condujo a la parte de atrás del aeropuerto Taravella donde me esperaban mi samsonite azul y un agente de esa fuerza. ¿Qué había sucedido? En los escáners había llamado la atención el pequeño bulto compacto que formaban cuatro ediciones de El libro de los Negocios y algunos ejemplares de la Revista 5º Aniversario que llevamos a Santiago de Chile para mostrar algo de lo que hacemos. Media hora más tarde, mientras volvía a la sala de embarque, una amiga que trabaja en el aeropuerto me acercó una explicación conspirativa: “es que viajás por Lan… a los de Lan, la PSA siempre los tortura un poco”. ¿Será?

Estuvimos ahí: así es la experiencia de Infinito Water Park (lo bueno, lo épico y lo que todavía falta)

(Por Rocío Vexenat) Desde ya que el lugar parece fuera de Córdoba. No por la distancia ni por el viaje, sino por la sensación inmediata de estar en otro escenario: arena bajo los pies, estructuras que remiten al Caribe y una lógica de parque pensada para quedarse todo el día. En sus primeros días de apertura, recorrí Infinito Water Park para entender qué propone, cómo funciona y hasta dónde logra cumplir su promesa de escape, sin salir de la ciudad.