Seguimos esperando un muerto bajo un cartel irregular (venimos zafando).

Estiman quienes recorren la ciudad con ojo crítico, que hay no menos de 100 carteles publicitarios irregulares en la vía pública que representan un peligro público, además de violar la ordenanza vigente. Los vientos de los últimos días se llevaron alguno que otro (como el de Easy en el Tropezón, ver nota completa) e inclinaron peligrosamente el que Ayi Publicidad le vendió a This Week y que -afortunadamente- se recostó sobre el inmueble trasero, en lugar de caer sobre Av. Rafael Núñez. Cuando se produzca una desgracia (y es probable que así sea si no se toman medidas antes de la “temporada de tormentas” que se avecina) nos lamentaremos y buscaremos los culpables que hoy miran para otro lado. Señores de la Municipalidad, empresarios de la publicidad en vía pública, anunciantes (que son solidariamente responsables), ¿están dispuestos a ser cómplices necesarios de una desgracia anunciada?

Estuvimos ahí: así es la experiencia de Infinito Water Park (lo bueno, lo épico y lo que todavía falta)

(Por Rocío Vexenat) Desde ya que el lugar parece fuera de Córdoba. No por la distancia ni por el viaje, sino por la sensación inmediata de estar en otro escenario: arena bajo los pies, estructuras que remiten al Caribe y una lógica de parque pensada para quedarse todo el día. En sus primeros días de apertura, recorrí Infinito Water Park para entender qué propone, cómo funciona y hasta dónde logra cumplir su promesa de escape, sin salir de la ciudad.