¡Qué mal educados que estamos!

Lo vengo notando hace rato, pero me parece que ya no tenemos límites. Hablo de la falta de respeto que los invitados tienen en los más diversos cócteles y eventos a la hora de escuchar las palabras oficiales de los oradores. Volvió a suceder hace poco en un importante evento en esta ciudad, donde el presidente de la empresa virtualmente tuvo que rogar a los gritos un poco de silencio para poder hablar antes sus propios invitados. Como organizador de algunos eventos me ha tocado padecer este creciente signo de mala educación y por eso me llamó poderosamente la atención el respeto con que nos escucharon nuestros invitados en un reciente cóctel en Montevideo. ¿Y si entre todos hacemos un esfuerzo por mejorar esta conducta? Los que ya somos respetuosos, manteniendo nuestro silencio ante el orador y pidiéndolo ante nuestros invitados cercanos. Los que no prestaban atención al tema, empezándolo a hacer... ¿les parece?

Estuvimos ahí: así es la experiencia de Infinito Water Park (lo bueno, lo épico y lo que todavía falta)

(Por Rocío Vexenat) Desde ya que el lugar parece fuera de Córdoba. No por la distancia ni por el viaje, sino por la sensación inmediata de estar en otro escenario: arena bajo los pies, estructuras que remiten al Caribe y una lógica de parque pensada para quedarse todo el día. En sus primeros días de apertura, recorrí Infinito Water Park para entender qué propone, cómo funciona y hasta dónde logra cumplir su promesa de escape, sin salir de la ciudad.