Pero lo que no existía en España era una marca que tomara ese producto popular (la croqueta) y lo convirtiera en un concepto con identidad propia (y potencial de expansión). Ahí aparece Carmen.
Detrás de Carmen está Emiliana Rodríguez, cordobesa, licenciada en Administración y criada en una familia con 35 años en el negocio gastronómico.
Hija de Andrés Rodríguez (referente en desarrollo y expansión de marcas en Córdoba) Emiliana decidió emigrar y emprender en España, el país donde comenzó la historia familiar: Carmen era su bisabuela.
Carmen nació en un pueblito de Almería y emigró a Córdoba durante la Guerra Civil. La comida, en esa historia, no era sólo cocina, era supervivencia y respeto por cada ingrediente. La croqueta (receta nacida de las sobras) sintetizaba ese espíritu.
La idea de Carmen como proyecto gastronómico empezó a gestarse en pandemia, pero tomó forma real en 2023 cuando Emiliana se instaló en Barcelona y detectó algo evidente (y, a la vez, desatendido): allí todos consumen croquetas, pero nadie había desarrollado una marca especializada que profesionalizara el producto y lo pensara como modelo replicable.
Para construir esa propuesta Emiliana se apoyó en Chema Soler, algo así como el “Messi de las croquetas”, chef y referente del rubro en España. Soler se sumó como asesor clave junto a su consultora y hoy participa activamente en el desarrollo gastronómico que abrió sus puertas en noviembre de 2025.
El diferencial de Carmen está en innovar (sin romper la tradición, claro). En su carta conviven las croquetas clásicas (como la de jamón ibérico, en tamaño tradicional y por € 2) con versiones de mayor tamaño, los “croquetones” (€ 3). A la base española se le suman sabores diferentes: cheeseburger, asado criollo, provoleta con chimichurri, e incluso una línea dulce donde aparece el dulce de leche con nuez.
Carmen también se distingue con su formato de consumo. Además de la croqueta individual, el menú incorpora bocatas de croquetas y bowls tipo poke donde el producto se integra a ensaladas, algo prácticamente inexistente en el mercado local.
El primer local de la marca se encuentra ubicado a metros de la Sagrada Familia (Carrer del Roselló 365). Es un espacio pequeño, pensado en formato take away, con barra de degustación y foco en el consumo al paso o en espacios públicos cercanos (el delivery es la siguiente etapa, según nos cuenta Emiliana). Pero desde su concepción, Carmen fue un proyecto diseñado para escalar. Arquitectura, procesos, identidad visual y estructura operativa responden a un modelo replicable. La inversión estimada para abrir una unidad podría rondar entre 40.000 y 60.000 euros, según ubicación y dimensiones.
El plan de Emiliana (quien financió el proyecto con un préstamo bancario, sin inversores externos) es consolidar este primer punto como casa madre, sumar nuevas aperturas durante el año y avanzar hacia un esquema de franquicias. Y con al menos tres locales operativos, proyecta montar un obrador central que optimice producción y logística.
España es el mercado natural de expansión para Carmen, pero la ambición de la cordobesa Emiliana Rodríguez es internacional. Sí, hay un destino que funciona como meta simbólica: Almería, provincia donde nació la bisabuela Carmen. Si la marca llega allí, la historia familiar habrá completado su círculo.
Emiliana Rodríguez, creadora de Carmen.
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