“Con edificio propio hoy tendríamos el doble de gente”, dice Luis Blando.

El hombre que vino a Córdoba hace 5 años (luego de vivir 15 en EE.UU.) a encabezar el centro de software de Intel, deja su puesto en nuestra ciudad (ver InfoGerentes). Su nueva tarea dentro de la compañía será liderar en California la integración de los equipos de trabajo que llegan desde McAfee (la mayor adquisición de la historia de Intel). “Me voy con mi tarea concluida, que era generar un centro de excelencia dentro de la compañía y que no fuera necesario enviar otra persona desde EE.UU. para continuar con esta tarea, había que dejar espacio a la gente de acá”, sostiene Blando.
El ingeniero deja Córdoba sin poder ver el edificio propio de Intel, tal como se comprometió a construir -hasta por ley- el gobierno provincial. “Cuando Paul Otellini -Ceo de Intel- me pregunte por este tema voy a tener que salir corriendo”, confiesa Blando, que -poniéndose serio- agrega: si hubiesen contado con el edificio propio, los 200 puestos de trabajo actuales serían tranquilamente el doble, fundamentado en los sobresalientes resultados que para la empresa obtuvo el centro de soft cordobés. “Nuestro compromiso era llegar a tener 170 empleados un año después de contar con la sede propia, por lo cual nosotros hemos cumplido con creces”, concluye.

Estuvimos ahí: así es la experiencia de Infinito Water Park (lo bueno, lo épico y lo que todavía falta)

(Por Rocío Vexenat) Desde ya que el lugar parece fuera de Córdoba. No por la distancia ni por el viaje, sino por la sensación inmediata de estar en otro escenario: arena bajo los pies, estructuras que remiten al Caribe y una lógica de parque pensada para quedarse todo el día. En sus primeros días de apertura, recorrí Infinito Water Park para entender qué propone, cómo funciona y hasta dónde logra cumplir su promesa de escape, sin salir de la ciudad.