Casafe aboga por el fair play (dice que se puede fumigar a 20 mts. de un barrio sin contaminar)

El director Ejecutivo de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE), Federico Landgraf , estuvo en Córdoba para hacer un balance de la entidad y anticipar los planes para 2016. Sostiene que bien aplicados los productores podrían usar los agroquímicos a pocos metros de la ciudad. Pero aclara: “Los que hacen las cosas mal deben tener altas penalidades”. Cuando se lo consulta sobre la vedette de los agroquímicos no se anda con vueltas: ¿sabías que la aspirina es más tóxica que el glifosato?, contesta. Más sobre lo que hace Casafe y el Caso Monsanto, en nota completa.

Federico Landgraf y Magalí López Manetto, ayer durante su visita a Córdoba.
Federico Landgraf y Magalí López Manetto, ayer durante su visita a Córdoba.

Durante una conferencia de prensa en Córdoba, Landgraf, acompañado de la Coordinadora de Comunicación de Casafe, Magalí López Manetto, habló sobre la necesidad de que el sector agrícola tenga como prioridad la incorporación de las buenas prácticas.
El ejecutivo repasó los programas que realizó la entidad: Agrolimpio (que este año llegó a un récord de recolección y reciclado de envases vacíos de fitosanitarios; Capacitaciones (más de 17.000 productores, autoridades, estudiantes, etc.) y Depósito OK (certificación de depósitos de productos).
Tras enumerarlos, la pregunta era obvia: el impacto ambiental de los agroquímicos y lo que muchos (no algunos) productores no cumplen.
“Lo que vemos, sobre todo en pueblos del interior, es este proceso: activistas y ambientalistas que quieren prohibir su uso; luego, autoridades que establecen una franja de aplicación mucho más amplia ‘por las dudas’ y, más tarde, la queja de productores afectados directa e indirectamente por esta restricción y allí se genera la discusión. Muchos toman contacto con la información científica existente recién ahí y el gran desafío del sector es anticiparse al proceso”, se sincera.
Para Casafe, la discusión debe centrarse en las buenas prácticas del uso de agroquímicos ya que descuenta que su uso es necesario para aumentar la producción. Y razones no le faltan: por el crecimiento de la población en los próximos 40 años el mundo deberá producir la misma cantidad de alimentos que se produjeron en los 10.000 años anteriores.

Glifosato menos tóxico que la aspirina
Para despejar dudas, Landgraf recurre a una frase de Paracelso: Todas las sustancias son venenos, la dosis diferencia a un veneno de una medicina.
Asegura que el glifosato es menos tóxico que la aspirina y recuerda que en los cursos de capacitación lo que más impacta es la placa comparativa entre el nivel de toxicidad de ciertos productos con ese agroquímico que permite multiplicar el rendimiento de la soja, en especial.
¿Verdad? Sí. Si alguien consume cincuenta veces más cafeína que la que contiene un pocillo de café, se muere; o sólo basta ingerir 50 gramos de sal de mesa de una vez para despedirse de este mundo terrenal, por citar otro ejemplo.
Pero la repregunta es obvia: la Agencia Internacional sobre Investigación del Cáncer, dependiente de la OMS, puso al glifosato en la categoría “probables cancerígenos del Grupo 2”.
En contraposición, Casfe recuerda que Agencia de Protección del Ambiente (EPA) de Estados Unidos y el Instituto Alemán de Evaluación del Riesgo (BfR)- este último a pedido de la Unión Europea- estudiaron el glifosato durante cuatro años y concluyeron que no era cancerígeno.

No contamina fumigar a 20 metros del barrio, dice Casafe
“Durante este año –agrega- hicimos 14 demostraciones de buenas prácticas en campo y demostramos que si se fumiga en las condiciones climáticas adecuadas la deriva (de los agroquímicos) no llega a los 20 metros si la aplicación es terrestre o a los 50 metros si es aérea”, destaca.
Casafe insiste en que más que restringir (o prohibir, como proponen algunos) su uso sería mejor controlarlo. Para establecer la distancia de la restricción (zona buffer), un artículo de Daniel (profesor de la Facultad de Ciencias Agropecuarias Universidad Católica de Córdoba) determinó que durante una aplicación aérea la cantidad de agroquímico medido fue muy por debajo de los límites de tolerancia y haciendo la misma medición, pero 40 minutos más tarde, no se hallaron rastros de la sustancia ( ver acá)
Pero lo cierto es que a pesar que los datos científicos demuestren bajo nivel de contaminación -muchísimo menor que otros tóxicos que se generan en la ciudad, vale decir-, los controles estatales escasean y muchos productores no cumplen con las buenas prácticas, intoxicando gravemente a habitantes inocentes.
En medio de una necesidad global de alimentos crecientes, aumentar la producción a cualquier costo es inadmisible pero restringirla sin información y sin la responsabilidad de los actores principales de esta discusión estructural para el desarrollo del país puede resultar igualmente grave en el largo plazo.

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