AgroFides, desarrolladora de proyectos de inversión productiva, lanzó en San Juan un fideicomiso agrícola orientado a la producción y comercialización de pistacho, un cultivo con fuerte demanda internacional y altas barreras de entrada.
El proyecto -denominado La Memita, por el nombre de la finca donde se desarrolla- contempla una primera etapa de 100 hectáreas, con posibilidad de expansión hasta 150, y una inversión inicial de US$ 30.000 por hectárea.
Detrás de la iniciativa está Juan Ignacio Ponelli, fundador y gerente general de la compañía, con trayectoria en el agro familiar y experiencia corporativa internacional en Latinoamérica y África.
Según detalla, el interés por los frutos secos surgió hace unos ocho años, tras analizar distintos modelos productivos. “Cuando comparás cultivo contra cultivo, el pistacho le gana a todos. Tiene demanda creciente, baja oferta y una vida productiva que puede superar los cien años”.
Un cultivo con barreras altas (y por eso atractivo)
El proyecto se implantó exclusivamente en San Juan, una decisión que no es casual. El pistacho requiere condiciones agroclimáticas muy específicas: muchas horas de frío en invierno, calor intenso en verano, baja humedad relativa, suelos franco arenosos y disponibilidad de agua de calidad.
“Es un cultivo originario de Irán, muy rústico, pero extremadamente exigente en el entorno. San Juan reúne todas esas variables y reduce al mínimo los riesgos productivos”, sostiene Ponelli. Allí, las perforaciones alcanzan entre 400 y 500 metros de profundidad y el sistema productivo es altamente tecnificado, con riego por goteo, eficiencia hídrica total, tecnología israelí y uso de energía renovable mediante paneles solares.
Cuánto hay que invertir y en qué se usa
El esquema de inversión está pensado por hectárea, siendo cada una equivalente al 1% del proyecto. El mínimo de ingreso es una hectárea, sin tope máximo, sujeto al tamaño total del fideicomiso.
El primer año concentra el mayor desembolso: US$ 30.000 por hectárea, destinados a infraestructura completa: “Es como un edificio en pozo”, grafica Ponelli. Esto incluye preparación profunda de suelos, reservorios de agua, perforaciones, riego tecnificado, energía, plantación y puesta en marcha.
Luego, durante los siguientes seis o siete años, el proyecto requiere gastos operativos anuales estimados en US$ 6.000 por hectárea, vinculados al mantenimiento, personal, electricidad y operación general.
¿Y mientras tanto? La pregunta que todos hacen
Uno de los aspectos centrales, y más sensibles para el inversor, es el flujo de ingresos. En este modelo, no existe renta intermedia durante los primeros años. La distribución de dividendos comienza recién cuando el pistacho entra en producción comercial. A partir de allí, el fideicomiso funciona como una empresa: cada inversor recibe dividendos en función de su participación.
“La rentabilidad se distribuye cuando hay cosecha y comercialización. No hay pagos antes porque no hay producción, pero una vez que entra en régimen, los flujos son muy fuertes y sostenidos en el tiempo”, explica Ponelli. Según las proyecciones del proyecto, la rentabilidad esperada se ubica entre 14% y 20% anual en dólares, con un promedio estimado cercano al 17%.
Riesgos: cómo se gestionan
El proyecto trabaja con una lógica de reducción de riesgos desde el diseño:
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Estudios de suelo previos a la compra de la tierra
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Análisis hídricos y control de calidad del agua
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Zona con bajo riesgo de heladas tempranas y tardías
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Seguros contra granizo
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Monitoreo técnico permanente
“El pistacho es un árbol extremadamente rústico, soporta temperaturas de hasta –25 °C en invierno y más de 40 °C en verano. Aguanta condiciones que afectarían seriamente a otros cultivos”, señala Ponelli.
Por qué el pistacho gana lugar como activo de inversión
A nivel global, el pistacho muestra un comportamiento poco habitual en el agro: la demanda crece a un ritmo cercano al 6,5% anual, mientras que la oferta no logra superar el 5%. Esa brecha se amplía año tras año, impulsando precios y consolidando al cultivo como un activo productivo de largo plazo.
“No es una moda ni un fenómeno puntual. Cuando mirás los últimos veinte años, el crecimiento es sostenido. Eso hace que el riesgo de mercado sea bajo y, en muchos casos, favorable”, sostiene el fundador de AgroFides.
A diferencia de un pool de siembra tradicional, este modelo apunta a renta pasiva, sin necesidad de conocimiento técnico por parte del inversor. La gestión es integral: desde el desarrollo de la plantación hasta la comercialización, con reportes periódicos y auditoría externa.
Estado del proyecto y próximos pasos
Actualmente, el proyecto La Memita ya cuenta con la tierra adquirida, alambrado perimetral, reservorios, galpones, vivienda para el encargado, conectividad eléctrica y perforaciones realizadas. La plantación está prevista para la próxima primavera. Según la compañía, alrededor del 30% del fideicomiso ya se encuentra comprometido. La primera ronda de inversión cierra a fines de febrero, manteniendo el valor de ingreso en US$ 30.000 por hectárea. A partir de marzo, el precio aumentará conforme avance la ejecución.
El plan de largo plazo es ambicioso: AgroFides proyecta crecer entre 100 y 300 hectáreas por año, con el objetivo de posicionarse como uno de los principales productores de pistacho del hemisferio sur.
“Queremos que inversores medianos puedan acceder a la misma rentabilidad que un proyecto de gran escala, pero con gestión profesional, costos eficientes y tecnología aplicada”, resume Ponelli.
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Roberto Pagani :
....................... sin palabras........ pongo al 8 anual.....y listo... fantasmas