Aldea Cero: otra forma de vivir y un modelo distinto para acceder a la vivienda (US$ 24.000 para entrar al juego de una tiny house)

(Por Juliana Pino) Entre el campo y el mar, un referente del movimiento Tiny House lanza en Miramar un modelo de hábitat que rompe con la lógica inmobiliaria tradicional: lotes chicos, viviendas eficientes, financiamiento propio y una premisa clara, que la primera vivienda vuelva a ser una opción real.

Aldea Cero aparece como una rareza necesaria. No es un barrio cerrado, tampoco un country ni un desarrollo pensado solo para invertir. Es, más bien, una respuesta concreta a una pregunta incómoda: ¿cómo acceden hoy los jóvenes, y no tan jóvenes, a su primera vivienda?

El proyecto se ubica en Miramar, Buenos Aires, a apenas siete cuadras del mar y con un entorno que combina naturaleza, baja densidad y servicios básicos ya resueltos. Son 16 lotes de entre 295 y 400 m², pensados para albergar Tiny Houses aptas para vivienda permanente, uso recreativo o renta turística, en una zona que vive del turismo.

“Aldea Cero no es un emprendimiento inmobiliario clásico”, resume su creador, Javier Monzón, uno de los principales referentes del movimiento Tiny House en Argentina, con casi 12 años de experiencia en diseño, construcción y gestión de este tipo de viviendas.

Monzón es el creador de Refugio Santa Isabel, en Chapadmalal, el primer complejo de Tiny Houses del país, y de La Fábrica Tiny House, el primer taller de autoconstrucción nacional. Desde ahí viene empujando una idea que hoy toma forma de aldea: vivir en menos metros, pero mejor.

“La misión del proyecto es facilitar el acceso a la vivienda. Por eso me dediqué mucho tiempo a conseguir tierras a mejores precios y a armar una financiación propia, algo totalmente distinto a lo que ofrece hoy el mercado inmobiliario”, explica Monzón.

Cómo funciona Aldea Cero

El proyecto combina acceso progresivo a la tierra con viviendas de pequeña escala, construidas con sistema SIP, que garantiza eficiencia térmica, menor consumo energético y tiempos de obra más cortos.

Las Tiny Houses se ofrecen en tres modelos: 15, 20 y 28 m², totalmente aptas para habitar de manera permanente. El esquema es flexible: se puede ingresar primero al lote y avanzar luego con la vivienda, o acceder directamente al combo completo.

Los números:

  • Desde US$ 5.500 para acceder al lote

  • Desde US$ 24.000, Tiny House + terreno, lista para habitar

  • Financiación propia, con esquemas de pago pensados fuera del circuito bancario tradicional.

“Esto está pensado para primera vivienda, sobre todo para jóvenes que no pueden acceder a créditos hipotecarios. Pero también para quienes buscan vivir distinto o generar ingresos con alquiler turístico”, señala Monzón.

Vivir… o invertir

La ubicación no es un detalle menor. Miramar y la zona de Chapadmalal sostienen una demanda turística constante, incluso fuera de temporada alta. Desde su experiencia concreta, Monzón pone los números sobre la mesa, con prudencia,: “En mi refugio tengo entre 230 y 260 días de ocupación al año, pero no prometemos eso. Para Aldea Cero estimamos algo más conservador: unas 100 noches anuales, que pueden generar ingresos interesantes según el tipo de alquiler”.

Según esos cálculos, una Tiny House bien gestionada puede generar ingresos que rondan entre US$ 8.000 y US$ 10.000, aunque aclara que el resultado depende del modelo de gestión, la estacionalidad y la estrategia comercial.

Servicios y entorno

Los lotes cuentan con:

  • Energía eléctrica

  • Fibra óptica

  • Agua por perforación con bomba sumergible

  • Gas envasado

  • Accesos consolidados y cercanía real al mar

Todo en un entorno natural, de baja densidad, lejos del ruido urbano pero con conectividad suficiente para vivir y trabajar.

Lanzamiento y preventa

El proyecto se presentará oficialmente en dos instancias:

  • Jueves 19 de febrero: presentación virtual vía webinar

  • Sábado 21 de febrero: presentación presencial en el predio

En esta primera etapa se habilitará la preventa de 8 lotes, con condiciones especiales para quienes ingresen desde el inicio. “Daremos los detalles finales cuando la gente llame. La idea es charlar, explicar, negociar. No vender humo, sino mostrar que se puede”, dice Monzón.

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