De un garaje en Bell Ville a los hogares de todo el país: la historia de Faustina Muebles

(Por Virginia Montuori y Catalina Donelli) Nació al ritmo de la maternidad y creció con la constancia de quien apuesta por sus sueños. Desde Bell Ville, Andrea transformó una idea artesanal en una marca de diseño infantil con identidad propia, presencia nacional y ganas de cruzar fronteras.

Faustina Muebles nació al mismo tiempo que una nueva vida: la de su creadora y la de su hijo.  “Estaba embarazada, trabajando hasta tarde, y me di cuenta de que no quería seguir con ese ritmo ni dejar a mi hijo al cuidado de otras personas. Quería independencia, un proyecto propio, sin techo económico”, recuerda Andrea Privitera, fundadora de la marca.

A los tres meses del nacimiento de su hijo, el sueño tomó forma entre bocetos, papeles y lápices. “Todo empezó muy casero y artesanal —cuenta—. Mi escritorio era la mesa del comedor y parte de la producción estaba en el garaje. Así nació Faustina hace once años.”

La inspiración detrás de Faustina Muebles surge de una fusión entre el diseño, el mundo infantil y la filosofía Montessori.

Desde siempre, Andrea sintió una fuerte conexión con el diseño y con el universo de los niños. Al momento de emprender, hace ya once años, detectó una necesidad en el mercado: la falta de mobiliario infantil inspirado en el enfoque Montessori, tanto en su región como a nivel nacional. Así nació la idea de crear una línea de muebles que uniera funcionalidad, estética y desarrollo infantil. “Quería que los muebles acompañaran el crecimiento de los chicos, pero también que se integraran naturalmente en el hogar —explica—. Buscaba algo que fuera lindo para los grandes y útil para los más chicos.” El resultado fue una propuesta que combina diseño, aprendizaje y juego libre, pensada para crecer junto a las familias.

El primer producto fue una mesa con sillas de orejitas de conejo, que se volvió un clásico de la marca. “Tuvo una recepción increíble. Fue todo muy orgánico, de a poco, escuchando al cliente y viendo qué necesitaban las familias”, explica. Esa escucha la llevó a ampliar el catálogo con bibliotecas, plazas blandas Montessori, carritos de arrastre y andadores pensados para acompañar los primeros pasos de los niños, en un momento en que los caminadores tradicionales habían sido prohibidos en Argentina.

Emprender desde el interior y llegar a todos lados

El primer producto fue una mesa con sillas de orejitas de conejo, que se volvió un clásico de la marca. “Tuvo una recepción increíble. Fue todo muy orgánico, de a poco, escuchando al cliente y viendo qué necesitaban las familias”, explica. Esa escucha la llevó a ampliar el catálogo con bibliotecas, plazas blandas Montessori, carritos de arrastre y andadores pensados para acompañar los primeros pasos de los niños, en un momento en que los caminadores tradicionales habían sido prohibidos en Argentina.

“Emprender desde Bell Ville fue un desafío, pero también una gran oportunidad”, dice Andrea. Las redes sociales fueron clave para que la marca trascendiera los límites locales.

Hoy Faustina Muebles vende a todo el país y ha realizado envíos a Chile y Uruguay. “Tenemos muchas ganas de exportar regularmente, pero la logística y el embalaje internacional son complejos. De todos modos, seguimos trabajando para lograrlo”, asegura.

La vidriera digital

La marca evolucionó junto al mundo digital. “Empezamos con Mercado Libre y Facebook, después llegó Instagram, y hoy tenemos nuestra tienda online en Tienda Nube. También usamos TikTok, porque las redes son nuestra vidriera principal”, cuenta.

El desarrollo de Faustina Muebles fue acompañado por colaboraciones con figuras del mundo de la maternidad y la televisión, e incluso por participaciones en campañas de marcas reconocidas como Pampers.

“Nos ayudaron mucho, pero ahora estamos trabajando con cuentas más pequeñas, que compartan nuestros valores. Hoy funciona mejor el contenido real, orgánico, el que se siente auténtico”, destaca.

Evolución y proyección desde el interior

El crecimiento de Faustina Muebles fue el resultado de mucho trabajo, constancia y una buena dosis de prueba y error. “La capacitación y la dedicación fueron clave para ir aprendiendo y mejorando”, destaca Andrea al repasar el camino recorrido.

Lo que comenzó como un emprendimiento personal —en el que hacía absolutamente todo sola— hoy es una empresa con un equipo consolidado y comprometido. “Formamos un grupo de trabajo hermoso. Estoy muy contenta con el equipo que logramos”, afirma con orgullo.

Cada nuevo diseño que lanza Faustina mantiene una premisa: promover el juego libre y acompañar el crecimiento de los niños con muebles funcionales, estéticos y seguros.

“Queremos seguir creciendo, pero sin perder la esencia con la que empezamos: mucho amor, dedicación y el foco en los chicos. Esa es nuestra base y lo que queremos mantener siempre”, cierra Andrea.

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