¿Hacia un año perdido? La actividad económica se había comenzado a desinflar ya en marzo (datos del EMAE)

El gobierno se entusiasmaba con crecer este año otro 3%. El FMI ya había corregido el número a un +2%, pero todo esto fue antes del terremoto de mayo que llevó al peso a devaluarse un 25% y reconfigurar el escenario. Pero ojo: ya en marzo (cuando todo parecía “viento en popa”) la economía mostraba signos de fatiga: el EMAE de ese mes apenas crecía 1,4% en el interanual y decrecía en el intermensual. ¿Hacia un año de crecimiento cero?

“El informe Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) refleja la evolución mensual de la actividad económica del conjunto de los sectores productivos a nivel nacional. Este indicador permite anticipar las tasas de variación del producto interno bruto (PIB) trimestral”, explica el Indec sobre este indicador clave cuya variación a marzo pasado fue difundida ayer.

Ahí se ve que la economía venía perdiendo fuerza: tras crecer casi un año a tasas interanuales superiores (casi siempre) arriba del 3%, en marzo solo subió 1,4%.

En esa dinámica, el crecimiento del PBI iba más camino a un 2% en el año (con mucho arrastre estadístico), pero la devaluación de mayo podría achicar aún más el pronóstico.

Pero hay una paradoja: hasta marzo, el campo (castigado por la sequía) se contraía 5% y seguramente cobrará bríos en la segunda mitad del año, con los mejores precios relativos que implica la devaluación.

A la inversa, el resto de los sectores que empujaban la actividad sentirán el parate de la devaluación y en esa tensión de fuerzas el agregado del 2018 podría quedar bien cerca del 0%, es decir, un año en el que repetimos la misma producción de bienes y servicios que el año anterior. Una año -en términos de crecimiento- perdido.

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